Publicado en El Español el 21 de diciembre de 2016

Una mujer ha sido asesinada en la ciudad de Barcelona a manos de su marido. Se llamaba Victoria y era médica. Tenía 57 años y era vecina del barrio de Les Corts. Pese a la gravedad de los hechos, tras el asesinato y el suicidio posterior del agresor, hemos sabido mucho más de la vida y obra del hombre que le ha quitado la vida que sobre ella.

Ante un feminicidio, poco debería importar que él tuviera una notoria carrera profesional, que él haya explicado sus “motivos” en una carta, que él tuviera una enfermedad o que él no aceptara que ella decidiera poner fin a su relación. No nos conmocionan sus éxitos y fracasos y nada nos interesa el repaso a su figura pública que algunos medios de comunicación destacan. A no ser que con ello se pretendiera resaltar que la violencia machista no es patrimonio exclusivo de las clases populares o trabajadoras. Pero desgraciadamente este no ha sido el objetivo de buena parte del tratamiento mediático. Y esto es un síntoma terrible y vergonzoso. La realidad no escrita es que los periodistas de prestigio no están exentos de reproducir el patriarcado, incluso en sus formas más violentas.

Ante un feminicidio, poco debería importar que él tuviera una notoria carrera, estuviera enfermo o dejara escritos sus motivos

La noticia es que este señor ha cometido un asesinato machista, y que por ello una mujer ya no podrá disfrutar de la vida, porque le han arrebatado su derecho a vivir. Lo destacable es que la vida de esta mujer era importante, que tenía familiares, amistades y un trabajo imprescindible para todos y todas nosotras como el de la atención médica primaria.

Su madre, su hermana, sus familiares y amistades, sus colegas del trabajo. Todas aquellas personas junto a las que hoy debemos mostrar un rechazo unánime y con las que empatizo; a las que quiero hacer llegar un sentido pésame y a las que hoy tenemos que acompañar en el dolor.

Dolor personal y social

También desde la profesión periodística hay que acompañar este dolor, que es personal, pero también social. Sumarse a este dolor colectivo no es falta de juicio objetivo. El periodismo tiene la función social de hacernos más libres. El cuarto poder nos ofrece información para ello, pero el tratamiento mediático de este asesinato no solo no nos hace más libres, sino que nos secuestra por medio de relatos parciales y justificatorios. Tratar el dolor desde una supuesta mirada aséptica puede llegar a confundirnos tanto como para acabar atenuando lo injustificable.

Los medios tienen un papel crucial en construir un relato sobre lo que implica la violencia machista. Y en estas primeras horas, están haciendo un flaco favor a la denuncia de este feminicidio. Un feminicidio narrado con palabras que sugieren excusas, justificación, normalización, incluso empatía. Muchas mujeres en situaciones similares habrán leído estos días las noticias, no sé que pensaran, pero lo que no podemos obviar es que informar de un feminicidio conlleva también una responsabilidad.

Lucha contra una lacra

Todas estamos concernidas en la lucha contra los feminicidios. Cuatro desde este fin de semana. Ninguna democracia debería aguantar impasible esta sangría si quiere seguir llamándose democracia. Por eso, todas las que la componemos – instituciones, movimientos sociales, medios de comunicación, y ciudadanía en general- estamos llamadas a no cesar en la batalla contra la violencia machista. Sabemos que necesitamos muchos más esfuerzos y mucha más atención y colaboración para poner fin a esta lacra.

Mientras, vamos de duelo en duelo. Que cada una asuma su parte. Por la parte que me toca, como responsable municipal de las políticas contra las violencias machistas, yo asumo la mía. Es una derrota que esta ciudad no puede permitirse. Hoy Barcelona está triste, pero sobre todo cabreada.