Publicado en publico.es, el 12 de enero de 2016

Mientras discutimos si España se rompe, a la gente se le rompe la vida: En el hotel “Mandarín” de 7 estrellas situado en Passeig de Gràcia, o en el Hotel Barceló Sants, las mujeres que limpian las habitaciones cobran 2,5 euros la hora. La situación es extremadamente perversa, quienes menos ganaban antes, más han perdido con la crisis: el 10% de los asalariados que menos ingresos tienen perdieron nada menos que el 25,6% de su poder adquisitivo entre 2009 y 2014. A día de hoy el 55% de las personas paradas no cobran ninguna prestación.

El pasado día 8 de enero nuestra ministra de trabajo, Fátima Báñez, persiste en su intento de superar a Orwell cuando afirma que se está produciendo una recuperación económica “muy social” e “inclusiva”. Bajemos a la tierra por un momento. El 74% de los empleos creados en 2015 fueron temporales y hasta octubre –faltan datos- uno de cada cuatro empleos temporales duró menos de 7 días. Cotizaciones basura son sinónimo de ausencia de ingresos en la Seguridad Social. En algunas empresas auxiliares de Castilla la Mancha contratan servicios de limpieza con contratos de 8 minutos. Sí, lees bien; 8 minutos. En España hay más de medio millón de familias monoparentales y nueve de cada diez están encabezadas por una mujer.  Más de la mitad (56%) de estas mujeres dispone de menos de 600 € al mes para sacar adelante a su familia y solo el 16% consigue ingresar más de 1000 euros.

La precariedad tiene rostro de mujer.

La precariedad tiene rostro de mujer, mujeres que tienen que soportar no solo peores condiciones laborales, no solo salarios más bajos, no solo son objeto de juicio constante por su aspecto, por su vestimenta, por su figura, además realizan 3 horas más de media que los hombres en tareas no remuneradas. Según la OCDE, el trabajo no pagado en España representa el 41% del PIB total, en su mayoría realizado por mujeres.

Desde 2012 se han destruido 50.000 puestos de trabajo en educación y sanidad, se ha precarizado la plantilla y, por lo tanto, ha empeorado el servicio público que se traduce en colpaso y hacinamiento. Entre 2010 y 2015 el presupuesto de las comunidades autónomas destinado para sanidad y educación se ha recortado en 18.685 millones, al tiempo que su presupuesto destinado a pagar la deuda aumenta en 18.526 millones. Según la RAE, la palabra “exacción” significa: 1. “Acción y efecto de exigir impuestos, prestaciones, multas, deudas, 2. Cobro injusto y violento”. Eso es lo que estamos viviendo, ¿os parece mucho? Pues parece no ser suficiente.

Mientras seguimos mirando el dedo, la luna sigue ahí: el jefe del Eurogrupo, el  “socialdemócrata” holandés Jeroen Dijsselbloem sentencia que España debe realizar todavía más ajustes; 9.000 millones para este año. Acusa a España de no cumplir con los objetivos de déficit y observa que el presupuesto presentado por el ejecutivo de Rajoy es papel mojado. El PP, en lugar de utilizar el relajamiento de los recortes y los objetivos de déficit para impulsar un plan de modernización económica que permita a España contar con una economía más productiva y más fuerte, ha hecho puro electoralismo barato bajando impuestos –a los que más ganan sobre todo-para ganar las elecciones.

Con las nuevas exigencias de la UE se vuelve a  imponer la cuadratura del círculo: una disciplina presupuestaria que dice querer impedir lo que de facto provoca, aumentar la deuda. Son los mismos actores económicos que juegan con la deuda, los que luego exigen aplicar la disciplina presupuestaria. Esto provoca que  se  fijen nuevos programas de ajustes y empobrecimiento, reformas laborales y que se bajen los salarios. Aquí viene la pregunta de verdad, ¿quién está dispuesto a desarrollar una política fiscal que consiga revertir los recortes e impedir más programas de ajuste? La propuesta fiscal del PSOE presentada en las elecciones generales está más cerca de la propuesta del PP que de la de PODEMOS, lo que dificulta hablar seriamente de blindaje del estado de bienestar, pues la política social depende de la política fiscal. Solo ralentizando el pago del déficit, solo negociando con los socios europeos explicando la imposibilidad de seguir por la misma vía muerta de la austeridad, podremos conseguir evitar que España se siga rompiendo.