Organizada por el Instituto 25 de mayo para la Democracia del 22 al 25 de septiembre pasados,  la Universidad de Podemos permitió  establecer un panorama detallado sobre el pasado, presente y futuro de la formación, a partir de varios ejes: ¿De dónde venimos? ¿Qué hacemos? ¿Adónde y cómo vamos? Se analizaron las principales líneas seguidas en varias áreas y secretarías (medio ambiental, igualdad, derechos humanos, internacional, economía, cultura…) y  se abordaron de frente los problemas a los que se enfrenta la organización actualmente para tratar de responder a la pregunta del cómo y para qué ganar.

La Universidad de Podemos 2016 desbordó en cuanto a asistentes y a número y calidad de ponencias. Estas permitieron abordar en profundidad todos los temas que atraviesan tanto a la organización como a nuestra sociedad. En términos de posiciones defendidas, las mesas de políticas mediáticas, por ejemplo, abogaron, frente a la situación crítica de los medios en España (control desde los poderes políticos, precarización extrema del periodismo…) por un empoderamiento del profesional frente a las presiones de su propia empresa, y por el favorecimiento del pluralismo para la democratización del debate de ideas. En el aspecto medio ambiental, y, de la misma manera, para remediar al pésimo estado ecológico español, se propusieron medidas a corto y largo plazo de prevención y protección:  partiendo de la idea  que el planeta no es elástico, ni España, al fin de al cabo, un país de regadío, Podemos puede en colaboración con movimientos sociales y ONG ecologistas, defender una política razonable y razonada e implicarse jurídicamente en causas ligadas a la defensa del medio ambiente.

Las mesas sobre economía subrayaron de nuevo las consecuencias devastadoras de la crisis económica y de su gestión tanto en España como en el conjunto de la Eurozona. Las políticas de austeridad fiscal y devaluación salarial han prolongado innecesariamente la recesión en el continente y han generado una enorme fractura social. Podemos defiende un giro en la política económica: terminar con las políticas de austeridad fiscal y devaluación salarial para propiciar una salida de la crisis que no deje a nadie atrás. Es prioritario impulsar verdaderamente la creación de empleo, las inversiones que nuestra economía necesita para modernizar su tejido productivo, renegociar el ritmo de reducción del déficit público, revertir los recortes que se han aplicado durante estos años en la sanidad, la educación, la dependencia o la I+D+i y reiniciar a partir de ahí una senda de convergencia de España con Europa. Sólo así los beneficios del crecimiento económico alcanzarán al conjunto de la población y se reducirán las desigualdades. Enlazando con el área medioambiental, la nueva agenda económica para nuestro país y para la Eurozona debe hacer compatibles crecimiento, creación de empleo y sostenibilidad. Exigirá poner los programas de inversión pública al servicio del necesario proceso de descarbonización de nuestro tejido industrial y de una transición energética basada en la eficiencia, la rehabilitación inmobiliaria y el uso de las energías renovables, asegurando así una alternativa ocupacional  digna a quienes hoy trabajan en los sectores afectados. Por último, los tratados denominados de libre comercio e inversiones, como el TTIP, el CETA y el TISA, que se negocian a espaldas de la ciudadanía y que suponen una seria amenaza a la soberanía de los pueblos y al medio ambiente al anteponer los intereses de las grandes transnacionales a los derechos laborales, controles sanitarios y ecológicos, y a las legislaciones democráticas de los distintos países.

La igualdad es uno de los principales campos de batalla de Podemos. En los últimos año el feminismo, la violencia machista o la desigualdad de género han saltado a la primera línea de la arena política como temas de interés general. Ya no interesa sólo a unas pocas afectadas o interesadas y cualquier personalidad pública o partido debe decir algo al respecto. También en las series, la música y los productos culturales en general. Esta entrada del feminismo en la cotidianidad, civil, política y mediática supone un nuevo horizonte de posibilidades para plantear cuestiones que antes no se podían plantear; también para cerrar otras que llevaban demasiado tiempo planteándose, y convertir así ciertas posturas antes en disputa en acuerdos de mayorías, en parte del sentido común. Esta oportunidad de convertir el feminismo en un movimiento de mayorías se articula con un proceso de resignificación de la política: en un momento en que la política adquiere un nuevo sentido, la feminización se convierte en un eje fundamental de ese proceso. Esa “feminización de la política” señala cómo muchas dinámicas hasta hace pocos años arraigadas, aceptadas y normalizadas en la política están en el origen de la falta de democracia, de las políticas de austeridad, de la pérdida de derechos ciudadanos. Esto plantea todo un nuevo modo de hacer política, cultura, mercado laboral y activismo.

Desde el área de cultura se abordaron varias problemáticas. Qué política de la cultura primero, llegando a la conclusión de que existe una verdadera necesidad de pensar una política material de la cultura y de que la ciudadanía demanda una mayor democratización de las instituciones. Qué modelos de mujer aparecen en la cultura y cómo establecer varios niveles de lectura de las obras culturales, en segundo lugar. También se habló de la comunicación visual de las campañas políticas y del fenómeno de los “desbordes gráficos”, una pequeña-gran revolución. Se reflexionó sobe el por qué y cómo se producen estos fenómenos de desborde, qué es lo que produce su escalada viral y cómo se relacionan con las campañas oficiales. El lenguaje gráfico tiene algo idóneo para traducir no solo el argumentario, sino también el clima emocional que acompañó a los partidos del cambio en su génesis y se intentó descifrar cómo se materializa ese mecanismo.

La secretaría de relaciones internacionales presentó una serie de ponencias bajo el tema “We, the people”, declaración previa para crear una democracia real, un poder popular, un pueblo que pueda decidir sobre todos los aspectos de su vida, sobre todo, sobre la economía,  especialmente en estos momentos, en que la austeridad en Europa es un proyecto político que trata de reconfigurar,  en beneficio de las minorías, todas las conquistas sociales de la historia del continente. Desde 2011, con la irrupción del grito democrático de la gente , muchos proyectos políticos en todo el mundo han puesto en el centro el poder de la gente. Solo si hay relaciones, fraternidad y alianzas comunes en todo el mundo -un movimiento internacional, democrático y popular- podremos afrontar problemas globales. El ciclo We the People contó de esta manera con la participación de compañeros y compañeras de partidos políticos polacos, alemanes, italianos, estadounidenses, activistas árabes, nuevos emigrantes y con representantes de organizaciones sociales que plantearon maneras de avanzar en la apertura y la democratización de la política exterior, y analizaron el nuevo discurso securitario y las alternativas reales de lucha efectiva contra el terrorismo, en una mesa sobre guerra y construcción de paz.

Repasando el contexto político y lo que preocupa a nuestros conciudadanos, el tema de la corrupción no podía faltar. Frente a ella Podemos emprende una doble batalla: la institucional donde asegurarse de una real separación de los poderes, de la eliminación de los aforamientos y de votar leyes que garanticen una persecución de la corrupción y la de la acusación popular y el empoderamiento de la gente que puede poner de manifiesto casos de corrupción, pan nuestro de cada día. Por otra parte, para que haya responsabilidad política ante la corrupción, la prensa debe ser crítica e independiente, debe haber democracia interna y mecanismos revocatorios. El gran trabajo de Podemos debe ser crear una gran cultura anticorrupción. Eso aún no existe: debemos crear una nueva mayoría social que pivote sobre esta cultura anticorrupción.

No faltó analizar en la Universidad el pasado, futuro y presente del Partido, desde el mundo de las ideas pero también desde el ángulo de la organización del partido. Así, se pudo ver cómo desde Francisco de Vitoria, hasta Pi i Margall, pasando por Joaquín Costa, Podemos toma en parte, sus raíces en el pensamiento político español. Las ideas que han guíado a la organización y el pensamiento de las fuentes que nos inspiran fueron disecados en las dos mesas sobre democracia, capitalismo y hegemonía. Y es que nos encontramos en la situación paradójica de intensificación del conflicto entre capitalismo y valores por un lado, pero entrevemos los límites del populismo ya que ciertas demandas se satisfacen y el antagonismo populismo vs capitalismo y neoliberalismo pierde fuerza. En ese sentido, hay que combinar populismo con republicanismo. Entendemos el republicanismo y la defensa de las instituciones (separación de poderes, educación y sanidad públicas, etc) como el eje antagónico al despotismo. La mejor estrategia hegemónica sería pues defender el derecho a las instituciones republicanas. Las instituciones, cuyos tiempos operativos son lentos, son necesarias para obligar al pueblo a razonar y a ser coherente consigo mismo. De esta forma el populismo marca un límite al republicanismo que puede devenir conservador y viceversa, el republicanismo opera como contrapeso al pueblo, que no siempre es bueno. Por otra parte, si la hegemonía sigue siendo un concepto válido, ya que el espacio social no está cerrado, tiene un límite a la hora de pensar el Estado. Partimos de la idea que el conflicto no sólo es inevitable sino que es democrático. En ese sentido hay que seguir razonando de forma política: la política está para llenar el hueco que Dios (que ha muerto) ha dejado. Y razonar políticamente implica dominar las herramientas que nos brinda el Estado para imponer un nuevo discurso.

El conjunto de aquellos que intervinieron sobre la construcción de Podemos coinciden con la noción de apuesta política correcta. Sin embargo, hoy en día la máquina de guerra electoral debe ser transformada en un partido fuerte. Podemos se enfrenta de hecho con varios problemas que tienen que ver con los propios de un partido político (ley de hierro de las oligarquías), con su construcción apresurada y con el asalto de las instituciones: desgaste de las bases militantes, espacios de legitimidad que recuperar, y en general, estructura orgánica que necesita ser repensada. La gran pregunta que debemos hacernos es si queremos ser una fuerza hegemónica o una fuerza de resistencia. Y si queremos ser lo primero, ¿cómo lo hacemos? En ese sentido, el debate entre calles e instituciones es un falso debate impulsado por los medios de comunicación. Sin embargo existe un verdadero debate sobre la capacidad de los movimientos populares para impulsar un verdadero cambio. Si los procesos colectivos tienen un carácter inevitable y pueden apoyar las propuestas políticas realizadas desde las instituciones ¿hasta qué punto la acción de estos movimientos no está limitada por el éxito del proyecto neoliberal cuya tarea primera es desarticularlos? La definición misma de movimiento popular debe ser cuestionada. Organizativamente, Podemos debe convertirse en un partido preparado para gobernar en un plazo relativamente corto. Su estructura debe ser a la vez innovadora y funcional. Cuadros intermediarios deben ser formados a la vez que los cargos no deben perder contacto con las bases. Espacios de debate deben ser creados. La dependencia al fondo público debe ser minimizada y los círculos territoriales deben funcionar como espacios para la acción local.

Por fin se abordaron los aspectos más prácticos de la acción institucional, coincidiendo todos en que es bueno que sea participativa, aunque no se le pueda exigir a nadie participar. Un buen modelo de participación ciudadana es la participación en el día a día. En ese sentido Podemos lo está haciendo bien: su modelo participativo es integral, transparente, organizado y responsable, aunque se puedan aportar mejoras en el procesamiento de la información que se genera en los espacios participativos. Podemos debe sin embargo intentar llegar a todos los perfiles de participación: del militante implicado al ciudadano que solo vota, pasando por el que no se implica en absoluto. Para ello Podemos se esfuerza por hacer llegar las instituciones a la ciudadanía. Iniciativas como las de la Asamblea de Madrid tratan de dar mayor transparencia al trabajo legislativo y de hacer llegar las demandas de la ciudadanía a las Cámaras.