Publicado en público.es, el 3 de diciembre de 2015

Nos encontramos en un tiempo político intenso y acelerado. Este último mes del año 2015 se cierra un ciclo político corto, un ciclo atravesado por múltiples comicios electorales, que tocará a su fin el próximo 20-D. Tiempos acelerados, momento constituyente y unas elecciones generales en las que no se decide simplemente un gobierno para una legislatura, sino la posibilidad cierta de ganar o perder una década. En estos momentos convulsos, en los cuales se reabren las cuestiones fundamentales que determinan un pacto de convivencia, un pacto de país, algunas de ellas como la situación de las mujeres, su presencia en el espacio privado y en la esfera pública, en el mercado de trabajo, en las instituciones y su protagonismo en el cambio político no pueden faltar.

Alguien podría preguntarse – no sin razón – por ese supuesto protagonismo de las mujeres, sobre todo aceptando que Podemos ha sido el actor político que abrió brecha en el sistema bipartidista español y que sus principales figuras público-mediáticas no eran mujeres. Sin embargo, a medida que avanzó el año y especialmente a partir del 24-M, con la irrupción de las fuerzas del cambio en Ayuntamientos y Comunidades Autónomas, la situación varió espectacularmente. En esas elecciones históricas, en las que se recuperaron las principales ciudades de nuestro país, el protagonismo de las mujeres ha sido espectacular: Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid, y Rita Maestre, su número dos y portavoz en el Ayuntamiento de la capital de España, Ada Colau, alcaldesa de Barcelona después de haberse convertido en la cabeza visible de un movimiento popular como la PAH, o Mónica Oltra, vicepresidenta, portavoz y consellera de Igualdad de la Generalitat Valenciana. Además, más allá de la primera línea de la batalla institucional, miles de mujeres anónimas a lo largo y ancho de nuestro país están construyendo el cambio desde diversos lugares y aportando a él de múltiples formas en su cotidianeidad.

Para todas ellas, célebres o anónimas, era el acto del pasado 30 de noviembre, una fecha que quedará en nuestra memoria como un auténtico acto de celebración.

No se trataba solamente de poner en común todo lo que sigue haciendo falta reivindicar en nuestro país, sino que se trataba también de un acto de alegría. Alegría y orgullo porque las mujeres ya están siendo, en buena medida, protagonistas del cambio. Esto es, ciudadanas activas que conducen su propio destino y forman parte del nuevo país en marcha.

Un acto en el que se trataba de recordar que hay mucho por ganar pero también de celebrar que hay mucho ganado. Porque lo ya conquistado es prueba de lo que se puede y lo que queda por conseguir. También, por supuesto, lo conquistado en el régimen del 78, que supuso un enorme avance y que fueron conquistas que no se deben a ningún partido político en concreto, sino a la lucha de las mujeres por sus derechos y sus libertades y a la sociedad en su conjunto. Este lunes las mujeres no se olvidaron de mirar al pasado para aprender de lo caminado y saber que sus demandas de hoy pueden formar parte del acuerdo de país del mañana.

Se trataba también de un día para compartir diagnósticos de lo que hay que ganar, poner demandas sobre la mesa y ofrecer soluciones. En definitiva, era un momento para seguir avanzando en la concreción de qué signifique ese pacto de país, de qué supone ese pacto para las mujeres, no como minoría o como colectivo con intereses particulares, sino como signo del grado de civilización de una sociedad. Tenemos claras cuáles son las problemáticas principales en este sentido: las violencias machistas, la desigualdad de género en el trabajo de cuidados y su correlato en el mundo del trabajo remunerado, la discriminación en el mercado laboral y la brecha salarial, el hecho de que la maternidad sea para tantas mujeres un hándicap para sus carreras profesionales y sus derechos, los techos de cristal o  la falta de visibilidad de las mujeres en el espacio público. Pero lo que este lunes compartieron tantas mujeres no fueron solo diagnósticos, sino que mostraron que hay una gran cantidad de propuestas y voluntad política para hacerse cargo de la situación. Se ha mostrado, por ejemplo, con el trabajo de Podemos en los Parlamentos autonómicos y su ya famosa PNL sobre violencias machistas. Se trata de seguir mostrándolo.

A la hora de señalar a las protagonistas no podemos olvidarnos de unas mujeres muy importantes: todas las que faltan en el lado del cambio. Uno de los datos comunes a todas las encuestas es que las mujeres también serán protagonistas en las próximas elecciones del día 20-D porque la gran cantidad de indecisas, que hay, tendrá una capacidad decisiva a la hora de determinar el resultado final. Sigamos avanzando; sigamos mostrando que el cambio es posible y que ese cambio no será sin las mujeres. Digamos muy alto y claro que sin igualdad no hay democracia y que, por eso, tenemos que estar todas para dar lugar a un país más próspero, más justo y menos desigual; sigamos tendiendo la mano y convenciendo, a partir de otra forma de hacer política y de relacionarnos con la sociedad. Actualicemos, de nuevo, el pacto que los privilegiados rompieron y hagámoslo desde los valores de libertad, igualdad y fraternidad para construir un país donde quepamos todas las personas, un país con nosotras donde ninguna se quede atrás.