Publicado en huffingtsonpost.es el 23 de enero de 2017

Cientos de miles de mujeres en todo el mundo salieron a la calle este sábado para secundar la Women’s March, una movilización feminista que nace del trabajo de tres activistas, Tamika, Carmen y Linda, que llevan años defendiendo los derechos de las mujeres. Ha sido la primera marcha anti-Trump, una marcha contra la violencia, una marcha para reivindicar que cuando más las élites se acomodan, más sufren las mujeres.

Que ésta fuese la movilización más grande que recuerda EEUU desde las que caminaron contra la Guerra de Vietnam, no es una sorpresa. Ya es una realidad que, ante las peores estocadas del establishment, ha sido el feminismo popular, el que hacen todas las mujeres y hombres corrientes de cualquier clase, raza y lugar del mundo, el que ha respondido en primer lugar y de forma contundente contra estas agresiones. Las mujeres hemos salvado Austria, visibilizado los peores horrores de Rusia, Polonia o México; hemos sido las primeras en levantarnos contra Trump, y por qué no, las que más continuadamente hemos respondido en estos años a las políticas antivida de Rajoy en España. No hay más que echar un vistazo a lo que el feminismo hizo en este país ante la llamada Ley del Aborto o lo conseguido en 2015 por el movimiento del 7N contra las violencias machistas. Por qué no, quizás este sí sea nuestro siglo, el momento de las mujeres.

“Ha sido el feminismo popular, el que hacen todas las mujeres y hombres corrientes de cualquier clase, raza y lugar del mundo, el que ha respondido en primer lugar y de forma contundente contra estas agresiones”

Lo sorprendente sigue siendo la impunidad con la que avanza el machismo. Recordemos las denuncias por acoso sexual a Trump, sus insultos a Hillary, esa nasty woman que se atrevió, siendo mujer, a hacer política; la legalización del maltrato en Rusia, las violaciones en los San Fermines, Lucía Pérez o las últimas declaraciones desnortadas de un magistrado español, que se permitió el lujo de poner en duda la existencia de la violencia machista. Los titulares machistas en la prensa empeñados en enunciar ante un feminicidio: Mujer hallada muerta; las valoraciones inapropiadas y asquerosas a nuestras políticas, que siguen siendo gorditas en vez de alcaldesas; y esos cientos de miles de testimonios de mujeres que recorren las redes que confiesan haber sufrido acoso sexual, pero que han sido incapaces de hacerlo público, y que van desde Lady Gaga, a la parlamentaria británica Michelle Thomson, pasando por yo misma.

“Somos la mayor espina clavada en la futura administración de este país, en las grandes empresas y grandes fortunas del mundo que sólo tienen rostros masculinos y en la gestión de los gobiernos que hacen políticas contra la gente”

Pero machismo no es sólo lo anterior. Si decimos que el feminismo que se articula en las clases populares es el que mejor responde a las estocadas del establishment, lo decimos también porque esa élite de poder económico es machista. El machismo es también una manera de gestionar la economía. Cuando el Gobierno de Mariano Rajoy decide recortar en fomento del empleo femenino en formación y prevención contra la violencia machista o considera que la dependencia no es algo que tenga que estar financiado en nuestro país, toma decisiones que van en contra de nuestras vidas, las de las mujeres. Toma decisiones machistas. La violencia machista, la brecha salarial de género, la precarización del empleo femenino, la feminización de la pobreza, la masculinización del poder, tienen que ver con decisiones políticas que se pueden evitar. En definitiva, los peores efectos de las políticas de austeridad han tenido víctimas con rostro de mujer. El establishment, también en España, es sobre todo machista. Como este sábado decían contra Trump, Tamika, Carmen y Linda, somos la mayor espina clavada en la futura administración de este país, en las grandes empresas y grandes fortunas del mundo que sólo tienen rostros masculinos y en la gestión de los gobiernos que hacen políticas contra la gente.

A pesar de todo, hay un clamor contra estas políticas antivida que se lleva organizando por abajo desde hace mucho. Ahora sabemos con claridad que ese clamor es capaz de convertirse en respuesta útil cuando lo hace con voz de mujer. Ese clamor somos nosotras, las nasty women, las invisibles a los ojos de quien ostenta el poder, esas que cobran menos, que cuidan más y son halladas muertas; las que venimos a ofrecer esperanza, vida, dignidad y otra forma de gestionar la economía que no deja a nadie atrás. Frente a los Trump y los Rajoy, las Tamika, Carmen, Linda, Manuela y Ada. Somos las mujeres la voz de ese 99% que quiere para todas y todos, todo.