Publicado en eldiario.es, el 14 de enero de 2016

Ayer en el Congreso de los Diputados se vieron muchas malas caras, reacción que continuó después en los medios y las redes. ¿Cuál era el cuerpo del delito? Diego, un bebé. Lactante.

Un Parlamento que ha permanecido impertérrito ante el agotador desfile de corruptos, ante una sociedad cada vez más desigual, se llevó las manos a la cabeza –por fin– pero por un bebé.

Los extraños son ellos. Quienes no merecen ocupar la casa de la soberanía nacional –esa que hace no mucho tuvieron que vallar y separar de la gente–, son ellos. En cambio, las personas que en este último año hemos aceptado la tarea de ser «intrusos» en las instituciones, hemos venido a hacer que éstas cumplan su verdadera función y dejen de ser saboteadas por unos pocos. La tarea del Parlamento es trabajar por el interés general. Por tanto, no nos vamos a olvidar de que, en las prioridades del Parlamento, faltan muchos y muchas –especialmente muchas–.

Faltan muchas mujeres para las que elegir la maternidad ha supuesto caerse de la carrera profesional que deseaban o incluso perder su empleo. Faltan las que son despedidas cuando se quedan embarazadas, las que no son contratadas por ser sospechosas de poder ser madres o las que son contratadas en empleos peor remunerados cuando están en edad de tener hijos. Por eso, porque el Parlamento tiene que estar al servicio de la gente, en Podemos queremos implantar los permisos iguales e intransferibles. Porque solo así acabaremos con la brecha salarial, con la discriminación laboral de las mujeres; porque solo así esos nuevos antisistemas, los bebés, ejercerán su derecho a ser cuidados, y además disfrutarán de sus madres tanto como de sus padres, cuya responsabilidad en el cuidado hay que empezar a poner sobre la mesa.

Faltan, en la agenda del Parlamento, las madres trabajadoras que se ven un día en la situación de tener que elegir entre pagar una escuela infantil que cuesta 360 euros por hijo y 720 por dos hijos o pasar a trabajar a media jornada y cuidarlos en casa porque sale más barato. Sorprende que siendo ese el problema de millones de mujeres que no abandonan sus empleos por elección sino por obligación no haya sido una cuestión política de primer orden. Es evidente que una de las tareas más urgentes para hacer posible la conciliación para padres y madres y para conquistar una maternidad sin penalizaciones para las mujeres es la recuperación de nuestros servicios públicos de educación infantil. Por eso en Podemos vamos a trabajar por garantizar el acceso gratuito a la educación infantil para todas las madres y padres cuyo deseo sea conciliar de este modo.

Faltan las madres solteras que hacen dobles y triples jornadas, las que renuncian a su vida personal por sacar adelante a sus hijos y conservar sus trabajos y las que, a pesar de todo, no consiguen salir del paro. En Podemos queremos poner en primera línea la situación de vulnerabilidad de las familias monomarentales porque son las madres solas con hijos a cargo las que más difícil tienen poder elegir la maternidad sin que ello suponga una carrera de obstáculos llena de penalizaciones y falta de derechos.

Faltan las mujeres que al ser madres han perdido su independencia económica –lo que siembra el peor terreno para las situaciones de violencia machista–. Las que, tras el paréntesis de la crianza, se han visto descabalgadas del mercado laboral, pasando a encadenar contratos precarios y peor pagados. Faltan las mujeres para las que ser madres ha implicado la necesidad de depender de sus parejas o volver a depender de sus padres. Faltan las que han pasado su vida cuidando de los demás sin recursos económicos para decidir sobre sus propias vidas y han llegado a la vejez completamente expuestas a la pobreza. Faltan las que han pasado la vida cuidando a quienes acaban de nacer y ahora tienen que cuidar a quienes ya no pueden cuidarse.

Y faltan, por cierto, los padres que quieren cuidar y no pueden porque, al ser el permiso de paternidad una elección, pasa a ser una elección penalizada en un mercado de trabajo duro, poco amable con la vida y el cuidado. Un mercado laboral al que hay que regular para no permitirle estar por encima de la vida.

Y al faltar todas ellas ha faltado una política preocupada por lo que son capaces de sacar a la luz: que la vida y el cuidado y, por tanto, la maternidad y la paternidad, son cuestiones centrales que deben importar a la política. Por eso en Podemos vamos a poner los cuidados en el centro y vamos a hablar de ellos, porque lo primero para que la política aborde las cuestiones que nos preocupan a la mayoría es que cuidar de los demás deje de ser un asunto privado que las mujeres tienen el deber de resolver por su cuenta y en la invisibilidad del hogar.

Carolina Bescansa llevó consigo ayer al Congreso al intruso que más malas caras y comentarios ha desatado. Dice mucho de lo que nos queda por cambiar que sea objeto de escándalo e indignación simplemente esto: una madre que ha elegido libremente la maternidad que desea y que no renuncia por ello a hacer política y a estar en el espacio público.

Carolina ha elegido libremente –faltaría más– el tipo de crianza que quiere para su hijo y, como muchas otras mujeres, prefiere no hacer uso de la guardería que ella, por fortuna, sí tiene a mano en el Congreso. Ella puede y muchas que faltan no tienen esa opción. Pero la decisión de Carolina pone en primera línea a todas las que faltan. El gesto de Carolina ha hecho que hoy estemos hablando deeso que siempre queda olvidado y fuera de los plenos y las cámaras. Hoy hablamos de cuidados, de maternidad libre y decidida y hablamos por eso de ellas, de todas las que faltan y de lo que tenemos pendiente de hacer por todas ellas. Nosotros vamos a trabajar con la prioridad de construir un país en el que mujeres y hombres podamos elegir libremente si queremos o no queremos ser padres y madres, que podamos serlo sin perder por ello nuestros derechos y que podamos decidir cómo queremos serlo.

Si la política no ha tratado lo importante es en parte porque han faltado mujeres, porque las mujeres han estado infrarrepresentadas en el espacio público donde se hace política y han estado sobrerrepresentadas en el espacio privado en el que se cuida de otras personas.

Feminizar la política, como recuerda Ada Colau, tiene que ver con dejar de invisibilizar los cuidados y reconsiderar cuáles son las cosas importantes. Feminizar la política tiene que ver con que estén en las instituciones y tomen decisiones determinantes para las vidas de todos los y las ciudadanas quienes conozcan no solo cuánto ha subido el Ibex sino también qué necesita un niño para estar bien cuidado, cuánto tiempo se tarda en leer un cuento o cuánto trabajo requiere una persona enferma.

Cuando es una minoría la que gobierna a espaldas de la gente los parlamentos no abordan las cuestiones centrales de la vida de la gente. Cuando vivimos en una sociedad en la que la mayor parte de los políticos no conocen lo importante que es el cuidado y la mayoría de las que cuidan están fuera de la política también tenemos muchas posibilidades de que en las instituciones no se aborden los problemas más importantes. Por eso cuando llega la gente a las instituciones y llegan también las mujeres –somos, por cierto, el partido con más proporción de mujeres en el congreso– llegan muchos problemas y preocupaciones que a algunos les sobran, pero que ya no van a poder ignorar. No se lo vamos a permitir. Vamos a trabajar para que haya muchas más madres haciendo política y por una política en la que hablemos de la maternidad.