El hombre rico se cree sabio, pero el pobre inteligente, lo desenmascarará.
Proverbios 28-11

Según indica la OCDE, España es uno de los países donde la calidad del trabajo es más baja. Quienes más sufren la precariedad y los bajos salarios son los sectores sociales que ya antes de 2008, cobraban bajos salarios, tenían trabajos temporales y soportaban malas condiciones. Lo que ha sucedido es que esa realidad laboral anterior a la crisis se ha ampliado e intensificado: entre 2008 y 2014 ha aumentado en medio millón los trabajadores que cobran menos de 300 euros al mes alcanzando los 3,7 millones.  España sufre a día de hoy una incapacidad estructural para sostener cuotas de empleo estable, por lo que únicamente puede crearse un crecimiento endeble e incapaz de incluir socialmente.

Es la propia Comisión Europea la que constata un desfase entre el crecimiento macro de la economía y el crecimiento de la economía popular española, advirtiendo que la creación de empleo no ha hecho disminuir la desigualdad. “Quien no trabaja no come” se solía decir; pero el problema no es la ausencia de voluntad de la gente por hacer cosas y por sentirse útil, lo grave es que muchos no pueden trabajar y algunos de los que trabajan no pueden comer mucho: 6 millones de  compatriotas no obtienen al año unos ingresos laborales superiores al salario mínimo interprofesional (SMI). España es hoy un país sin futuro; un país envejecido que se permite el lujo de expulsar en el último lustro a unos 700.000 jóvenes de entre 25 y 35 años; un país en el que nacerán para 2030 un 28% menos de niños.

En las últimas décadas se ha venido aplicando una lógica socioeconómica cada vez más voraz y que ahora se pone en cuestión: la desigualdad no es un problema, el empleo no es una prioridad y la precariedad es una tara individual. En la economía de la oferta, para que a todos nos vaya bien se supone que primero tiene que irle bien a las empresas. La existencia de beneficio, cuanto más mejor, se convierte en la condición necesaria para la creación de empleo y la mejora de los salarios. Sin embargo, el círculo virtuoso que se supone que va de los beneficios a la inversión; de la inversión al empleo; y del empleo a las mejoras en los salarios no se da en la práctica. Los beneficios no se reinvierten en incremento de capacidad que absorba más empleo, que de crearse, nada garantiza que sea de calidad. Así se explican las reformas estructurales en materia laboral, la fiscalidad regresiva y los recortes en servicios públicos. Hay que ponérselo fácil a quienes “crean riqueza” reza el mantra, cuando lo cierto es que sucede al revés, pues son los grandes patrimonios y las grandes fortunas quienes reciben una “Renta Premium” vía no-impuestos que costeamos todos y todas.

Un ejemplo de esta Renta Premium  sucede cuando Hacienda solo recauda el 0,17% de lo que se declara por patrimonio, o cuando las grandes empresas sólo pagan un 5% de impuesto de sociedades, es decir, se les perdona el 95% del impuesto. Otro ejemplo, quizás el más obsceno de todos, es el rescate bancario de 122 mil millones de ayuda pública -unos 2.600€ por persona- recibida por los bancos de los cuáles al menos 60.178 millones de euros nunca se recuperarán. Gracias a esta fórmula basada en quitarle el bozal a los grandes capitales para que puedan morder libremente, se ha conseguido que las personas en España que acumulan un patrimonio de más de 30 millones de euros, pasen de ser  233  en 2007 a sumar 508 en 2014.

Suele argumentarse que una Renta Básica Universal supondría un problema porque reduce la dependencia de los ingresos recibidos provenientes del trabajo remunerado, lo cual supuestamente, atentaría contra la propia “dignidad del trabajo”. Dicho de otro modo, digno, según esta visión, quiere decir “ser libre” pero estando obligado a tener que vender la fuerza de trabajo, el tiempo, a otro que te paga por aquello que considera útil, es decir, aquello que produce valor y se vende. Obviamente, quien necesita vender su tiempo a una empresa para obtener ingresos gozaría de mayor libertad y dignidad si la necesidad de trabajar para otro se viera reducida. Pero curiosamente, quienes advierten de peligro de la RBU y recuerdan esa dignidad del trabajo, no suelen vivir de los ingresos que les genera el trabajo. Según los análisis de Zuckmnan y Piketty para EEUU con datos de 2014, el porcentaje de renta que no proviene del trabajo es abrumadora en los más ricos: el 1% más rico recibe un 59% de su renta por vías distintas y la cifra se eleva al 75% cuando hablamos  del 0,1% más rico.

Hasta ahora todas las medidas aplicadas han ido enfocadas a confiar la riqueza colectiva a unos pocos para que dinamicen la economía de todos. Es normal por lo tanto, que quienes se benefician de este modelo de Renta Premium traten de convencer al resto de la población de lo perjudicial que sería implantar una Renta básica Universal. Se dice, “no hay dinero para financiarla, sino no habría recortes”, cuando es al contrario, no hay dinero porque hay recortes, no hay dinero porque la economía funciona como una aspiradora de riqueza de abajo hacia arriba; primero se devalúan los salarios, luego se fomenta el endeudamiento y después se adopta un modelo impositivo y fiscal con el que  ganan los que más ganan, junto con un modelo de gasto público con el que, aunque suela pensarse lo contrario, también reciben los que más ganan.