Publicado en publico.es, el 10 de febrero de 2016.

Un aluvión reaccionario viene creciendo en nuestro país. Partimos de una certeza, su problema lo tienen con la cavernademocracia, incluso cuando hablan en su nombre; esto no es nuevo pero se ha intensificado. En su desprecio, están convencidos de que las instituciones les pertenecen por herencia casi divina y buscan expulsar a la sociedad, que en ausencia de “título” para gobernar, debe resignarse y replegarse al campo de lo privado y la obediencia. Sufren de demofobia, la fobia al demos, al pueblo, a la ampliación de la decisión y la apertura en el campo de lo posible. Se les atraganta. En la geometría de su carácter social, domina el cinismo como forma de “vecindad” junto con la competencia instalada a modo de patrón de conducta generalizado.

Callar con la Púnica, la operación Taula y la Gürtel, los recortes, la privatización de la sanidad y la desigualdad, pero indignarse con la cabalgata, un bebé en el Congreso y aplaudir el encarcelamiento de unos titiriteros, solo puede significar una cosa: un orden moral y ético atrofiado impropio de una democracia. Se pretende conseguir acosando lo que fueron incapaces de ganar en las urnas. Vivimos un ciclo de “contra-movimiento” donde regurgitan las líneas maestras de una tradición cuya premisa es el rechazo a la democracia. Un concejal del PP ha reclamado el cierre inmediato de todas las facultades de Sociología y Ciencias Políticas, por ser una “fábrica de marxistas”, que para poder ser reabiertas, primero hay que “depurar al profesorado”. Todo cambia pero el espíritu permanece.

No les parece importar los entramados criminales de un partido que toma la forma de una trama mafiosa. Su problema no es la precariedad, la exclusión social, la corrupción, no, el problema es la sátira. Su problema no fue la reiterada negligencia de Ana Botella, o el aforamiento de Rita Barberá, el problema que no van a perdonar jamás es la vestimenta de los Reyes Magos. Su problema no son los fondos buitre y la especulación, su problema no son los pelotazos urbanísticos, el problema son las acciones simbólicas y pacíficas. El terreno de la ideología es un terreno pantanoso en el que el adversario ha sedimentado y desarrollado un sentido privado sobre lo común. La dimensión política aparece en el momento que “su problema” puede convertirse en “el problema” de España.

Sin embargo, lo cierto es que estos zarpazos responden a la impugnación de una hegemonía, la suya, hasta ahora intocable; solo así se explica semejante reacción. La gravedad que estos sectores tratan de imprimirle a todas estas cuestiones, son inversamente proporcionales al impacto que tienen en la prensa extranjera y en la vida de la gente. Como si de un un país sordo se tratase, mientras las élites se empeñan en que la cabalgata, las acciones simbólicas y la sátira, ocupen la centralidad del tablero, la prensa internacional destaca el retroceso en las libertades públicas, las redes criminales de corrupción, o la falta de expectativas en la sociedad. En España los hay que entran muy rápido a la cárcel sin motivos, mientras que cuesta mucho meter a otros cuando sobran las razones.
La estrategia es el uso del combate para alcanzar el objetivo de la guerra. Si dejamos de lado la connotación bélica, Clausewitz nos ayuda a recordar que nunca debemos olvidar, inmersos en la táctica y la coyuntura, la preeminencia de la estrategia. En ocasiones es complicado, alguna veces se falla y toca mejorar tal y como nos recuerda Rosa Luxemburgo, porque sólo triunfaremos si no nos olvidamos de aprender.