Publicado en publico.es, el 26 de noviembre

No pidas permiso, esta campaña te pertenece, te la mereces y lo sabes. No esperes a que alguien te envíe material, a que te digan qué puedes hacer o qué no puedes hacer. Y, sobre todo, no pidas permiso, sal a la calle, júntate con más personas; una tela, unas cuerdas y tu imaginación son más que suficientes. Hechos a mano, impresos, da igual, todo suma, todo aporta, todo es fundamental. Graba un vídeo, cuelga una foto, aporta un euro, una bandera desde tu balcón, buzonea las razones del cambio. Inventa, crea, actúa, cuelga pancartas entre las farolas, pega carteles en las paredes, reparte panfletos en las bocas del metro y el tren, háblalo en tu trabajo o en la cola del supermercado. Que todo el mundo se entere, el cambio eres tú, porque sólo juntos le damos sentido.

Estamos dejando atrás el aislamiento al que nos confina la industria de la autoayuda y la motivación, para pasar a la confluencia multitudinaria, a la terapia colectiva, lo nuestro es el coaching de masas: pasar del yo puedo de la soledad, al nosotros podemos del encuentro. Esta es la campaña de la gente, la tuya, la de tus vecinos, familiares y amigos, corre y cuéntalo, díselo al resto, nadie lo hará en tu lugar pues todos tenemos que ocupar nuestro sitio en el cambio. Vamos a ganar el futuro conquistando el presente porque nuestra ilusión es imparable. Un país decente es un país para su gente, uno indecente y fraudulento es un país para las élites. Mientras ellos se llenan la boca hablando en nombre de una España a la que desprecian, son las personas mundanas quienes la levantan sobre sus espaldas.

Los funcionarios del miedo amenazan, ladran y nos advierten de que el cambio a mejor, primero es imposible, luego es malo, después lo tendrán que aceptar. Ni caso, ya no creemos en los fantasmas y caminamos sin miedo. Rebusca en el baúl de los sueños y las esperanzas colectivas, quítale el candado y desempolva el futuro, el mismo que nos quieren negar cuando convierten la política en una técnica de especialistas y pizarras que nos deja a la gente fuera. A pesar de las trabas, a pesar de los silencios, a pesar de sus privilegios, finalmente cambia, pues todo cambia, y los que tan duros vinieron, tan duros van a caer. Olvidemos también a los hechiceros que usan pócimas pasadas de cocción o precocinadas, no dan con la receta que explique las razones del cambio. De ahora en adelante nada volverá a ser como antes, de eso no hay duda, pero nos toca decidir qué queremos y hacia dónde nos vamos a mover.

Hay dos formas de mirar el cambio: desde la perspectiva de la alegría o desde la del miedo y la tristeza. La alegría anuncia una esperanza de futuro, de vida y bienestar, el miedo pretende paralizar el caudal desbordante, clasificarlo, someterlo, controlarlo, administrarlo y taponarlo. Ya lo dijo Víctor Hugo, mientras los demonios atacaban, los espectros resistían. No es tiempo de recular, toca avanzar. Nos hemos cansado de resistir, ahora queremos crear, producir un buen orden nacido de la creatividad colectiva, de los consensos ya existentes en la sociedad que buscan futuro sin renegar del pasado. Que nadie nos robe ni tutele la decisión sobre el tipo de país en el que queremos vivir. Un país que haga de nuestras diferencias nuestra fuerza, un país contigo.

No, ninguna epifanía, ningún ilusionismo, ningún resentimiento, tampoco arrepentimiento, tenemos los pies en la tierra y apuntamos alto: Sabemos, queremos y Podemos. Los que viven en la inopia de la opulencia rechazan el derecho a la existencia y el bienestar para todas las personas. Tienen graves problemas para presentarse en público como algo diferente a lo que realmente son y se ponen nerviosos. Saben y sabemos, que ha llegado el tiempo de los que no tienen tiempo, la hora de pueblo, de ese pueblo tumultuoso que se apropia de la soberanía, la experimenta, la extiende y la ejerce en el tiempo y el espacio de la práctica.

Vamos a descolocar sus imaginarios jurásicos, sus tiempos, sus formas grabadas en piedra, vamos a desbordar las calles, las redes, las conversaciones, en un torbellino de alegría y una estampida de vida contra la servidumbre que nos imponen.

El resto tiene deudas con los con los bancos, nosotros solo las tenemos contigo. Somos los únicos que contamos con la independencia para hacer lo que decimos, somos los únicos con la libertad para poder hacerlo. Solo cuando los de abajo quieren y los de arriba no pueden es posible el cambio. El Roto nos recuerda que todo se tambalea pero hacen como que bailan. Se acabó su juerga de la corrupción y ahora empieza la fiesta de la democracia. Nunca más un país sin su gente. No pidas permiso para vivir en un país que cuente contigo.